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No viene en ningún prospecto pero todos los médicos coinciden en identificar la ansiedad con los mismos síntomas. Si usted sufre dolores de cabeza, espalda, musculares, molestias digestivas y de otros órganos, es posible que tenga ansiedad. Pero si usted está pesimista, ve la vida sin futuro, no tiene ilusión y ganas de vivir, es posible que también la sufra. Entre un 30 y un 40% de la población de todos los países desarrollados padecen en algún momento de su vida ansiedad.
Como trastorno psicológico limita considerablemente la vida de quienes lo padecen y provoca un gran sufrimiento. Entre un 30 y un 40% de
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la población de todos los países desarrollados padece en algún momento de su vida alguno de los siete trastornos en los que, según el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, se clasifica la ansiedad: fobia, pánico, agorafobia, etc. En el 10% de la población, la persistencia de alguna o varias de estas patologías en su forma más severa implica la incapacitación social y laboral.
Aunque se trate de un "fenómeno" psíquico, la ansiedad suele ir acompañada de importantes síntomas físicos como sudoración, taquicardias, vómitos, agarrotamiento de los músculos, fatiga, escalofríos... Su incidencia dada su íntima relación con el estrés, la depresión, la bulimia o la anorexia está aumentando considerablemente en los países desarrollados, según considera la mayoría de los especialistas que opinan además, que se trata de un trastorno que afecta más al sexo femenino que al masculino (dos de cada tres pacientes son mujeres).
Normalmente, la ansiedad se manifiesta entre los 20 y 40 años. Pero la ansiedad no es una patología exclusiva de los adultos, también los menores la sufren. Durante la infancia, esta angustia se caracteriza fundamentalmente por el temor al daño físico, a los animales o a la separación que afecta al 40% de la población infantil.
Las zozobras, inquietudes y agitaciones de ánimo, de ansiedad durante la etapa infantil pueden hacer que estos niños, cuando se hagan adultos, tengan una talla menos que de haber vivido una infancia más tranquila y feliz. Esta sorprendente conclusión es fruto de un estudio epidemiológico prospectivo realizado durante nueve años por investigadores estadounidenses con un total de 700 niños, la mitad varones y la otra mitad hembras. La ansiedad infantil es un factor predictivo de la talla adulta en el caso de las niñas, pues en los niños no observaron ninguna correlación significativa entre los problemas emocionales y la estatura.
Sin embargo, el posible efecto de la ansiedad no deja de ser limitado; lo más correcto sería decir que la ansiedad puede impedir desplegar al organismo todo su potencial genético. A diferencia del color del pelo y de los ojos, la estatura es un ejemplo claro de carácter poligénico -influenciado por muchos genes- y por tanto, no es fácil predecir la altura de un niño cuando se haga adulto, aunque lo normal es que las parejas altas tengan hijos altos y las bajas, hijos bajos.
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