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La comunicación
que une a la familia

Cada familia es un mundo distinto, por lo que no existe una regla ni método para una comunicación ideal, pero si hay una buena disposición para que ésta funcione, teniendo voluntad e interés por parte de los padres para que éste espacio sea creado y así una familia unida a través de la comunicación.

Consejos

Observarse. Darse cuenta que tipo de
comunicación tenemos observándonos, ver la situación desde fuera ayudará a darse cuenta por si solos en que se está fallando. Grabar una
discusión resulta ser muy útil para darnos cuenta como realmente actuamos, ya que en el momento de sobrecarga nos cuesta ver la realidad sin tomar parte de lo que nos convenga.

Escuchar a nuestros hijos. Escuchar sus intervenciones es muy útil para valorar hasta que punto

merecen prioridad frente a lo que estemos realizando en ese momento, por supuesto que la respuesta de los padres en ese momento debe ser lo suficientemente correcta para no cohibirlos en su necesidad de comunicación. Hoy puede ser que dijeran una tontería, mañana pueden estarse limitando de decir algo realmente importante.

Atención necesaria. Si en ese momento no podemos prestar la atención que el niño requiere, lo

aplazaremos para mas tarde, sin olvidar éste compromiso, por su puesto, y agradeciéndole su paciencia y su espera.
Cambiar el sermón. Evita el empleo del mismo tipo de respuestas de forma sistemática, para no
darles una imagen de autoritarios, ni hacerlos sentir culpables.
Las culpas afuera. Si hasta ahora no hemos cumplido con un correcto papel en la comunicación,
podemos empezar desde ya, nunca es tarde para mejorar algún problema en la familia, adaptándonos a una nueva forma de comunicación revertirá o suavizará muchos de los conflictos habituales con los hijos.
Tiempo de prueba. Cuando decidamos cambiar nuestro modelo de comunicación, nos daremos
un tiempo de prueba para el nuevo sistema, puede ser una semana, al tiempo que termine el plazo valorar si funciona o no y si debemos modificar algo más. Los padres, ya somos adultos y tenemos los hábitos de conducta demasiado arraigados, cualquier cambio requiere esfuerzo, dedicación y paciencia, pero merece la pena por nuestras familias.